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viernes, 18 de marzo de 2016

BINGALOTÁCORA: Aumentar la productividad con Writeometer y la técnica pomodoro

En esta bingalotácora, y siguiendo con la temática de las semanas pasadas, traigo dos aplicaciones que te pueden llegar a servir, tanto si escribes como si no.

La primera, Writeometer, sí que es exclusiva para escritores. Se trata de una aplicación para Android, ideal para crear el hábito de escribir gracias a sus temporizadores y recordatorios.



Nos permite programar infinidad de proyectos. Cada uno con su objetivo y fecha límite, y la previsión de palabras mínimas a escribir para acabar a tiempo:


Con sus respectivas gráficas y estadísticas:

 

De momento, no está disponible para otros sistemas operativos.


La segunda aplicación está basada en la técnica del pomodoro, creada por un estudiante italiano para concentrarse al estudiar para sus exámenes. Es más general en su uso y, por tanto, si buscas por la red encontrarás las mil versiones del programa, aptas para Android, iOs, Linux, XOS y WINDOWS.

¿En qué consiste la técnica pomodoro? En una serie de temporizadores: Por cada veinticinco minutos de trabajo, hay un descanso de cinco; y tras cuatro tandas, tenemos un descanso más largo, de quince minutos. Estos tiempos no son arbitrarios. Está demostrado que el tiempo límite de capacidad de concentración máxima del cerebro humano es de veinte a veinticinco minutos. Por eso, aumentar el tiempo de trabajo sin pausas... puede ser contraproducente.

La aplicación que uso en mi teléfono se llama Clockwork Tomato, y a medida que acumulas tiempos aparecen en la esfera del reloj.



Te permite ver, de un modo gráfico, los momentos en los que más productivo has sido en la semana:


Y en el mes:


Sí, es similar al temporizador del Wordometer, pero lo bueno del tomate es que tiene alarma para cuando termina el descanso. No sé si a todos les pasará o solamente a mí, pero el problema que tengo con el rendimiento es que después de la pausa me cuesta un mundo volver al trabajo. Así que... Tener la alarma de final de recreo me viene de perlas.


Aunque a mí me funcionan muy bien este tipo de tiempos y presiones, no todo el mundo está cómodo con esta técnica de contrarreloj. ¿Tú has probado alguno de estos programas? ¿Cómo te fue? Cuéntame en los comentarios.

lunes, 14 de marzo de 2016

BINGALOTÁCORA: Método «Copo de Nieve»... y cómo planifico yo.

Photo credit: georigami via Foter.com / CC BY

El método organizativo original de Randy Ingermarson, en qué consiste y todos los pasos a seguir lo dejaré en ORIGINAL EN INGLÉS y TRADUCIDO AL CASTELLANO, por si quieres saber más sobre él.

Cómo planifico yo las historias antes, durante y después de escribir el primer borrador es una adaptación propia de ese método. Partes que me sirven, recursos de otros escritores, bloggers, experiencias pasadas...

PÁRRAFO —O FRASE— IDEA
En ese primer párrafo, procuro sintetizar en líneas generales de qué irá. ¿Cuál es la esencia de la historia que voy a contar?

Una vez tengo ese párrafo más o menos listo —que no perfecto, eso todavía no hace falta buscarlo, ni de lejos—, paso al punto dos:

SINOPSIS
Se trata de expandir esa idea base, desarrollarla un poco, darle forma más concreta. Hacer un resumen general de lo que será la novela.

Es entonces cuando pasamos a ordenar las ideas principales, con:

HISTORIA LINEAL
Es el primer esquema. Ya sea en forma de lista o narración, expongo a grandes rasgos los hechos como se desarrollarán, los puntos más importantes, … y en qué orden. Esto me da una guía sobre la cual empezar con las fichas.

FICHAS DE TODO

Cada personaje tiene su ficha, lo más desarrollada posible desde el principio, y que a medida que se avance en el proceso de escribir el borrador, se irá modificando para agregar o modificar los detalles necesarios.

Los lugares. Todo lujo de detalles y condiciones físicas, atmosféricas... Si se trata de un enclave real, fotos. Si es ficticio, fotos de inspiración, detalles de cómo es la gravedad —si es que tienen—, cuántos soles y lunas, qué tipo de atmósfera tiene —luz, aire respirable o no, si esa atmósfera afecta a la forma de percibir la luz y los colores... para Ma'kh, por ejemplo, me hice un collage de los diferentes climas y cómo se verían con la refracción negativa.

Especies: Racionales o no, flora y fauna...

Armamento/edificación/cultura/planetas/... Dependiendo del género de la novela, necesitarás unos escenarios, un contexto, unos elementos básicos. Seguramente estén organizados en sociedades... ¿No? Entonces, haz un resumen de cómo es su sistema —o no-sistema.

Todo eso es importante saberlo antes de empezar a escribir, porque... Bien, digamos que revisar y corregir un borrador ya es bastante pesado y, por qué no, una pesadilla. ¿En serio quieres tener que fijarte, además, en todas las incongruencias argumentales que hay a lo largo de esas trescientas páginas debido a la mala planificación? Yo, no.

Además, ten en cuenta que cuanto más detallada sea tu planificación, más real resultará la narración, y más creíble para el lector.

ESQUEMA POR CAPÍTULOS

Volviendo sobre la base lineal de ideas, llegó el momento de hacer el esquema —escaleta, en cine— por capítulos y/o escenas.

Aquí se trata de tomar cada idea de la base lineal y desarrollarla en los capítulos que sean necesarios. Es el momento de pensar, también, en las sub-tramas. Dedícale todo el tiempo que sea necesario, porque este paso es muy importante. Nos sirve para prever —más o menos— los posibles fallos argumentales, de ritmo... ¡antes de haber escrito nada! Cuantos más detalles queden pulidos en la fase de esquema, menos tiempo se pierde en reescribir después. Aunque te parezca una pérdida de tiempo, créeme, en realidad lo estás ahorrando.

NO PIERDAS DE VISTA LO IMPORTANTE

Disfruta lo que haces y escribe como mejor sepas. No te quedes demasiado atrapado por el esquema o las fichas —aunque suene contradictorio con los puntos anteriores—, porque todo eso debe ser una ayuda, una guía. No una norma escrita en piedra. Ese esquema variará, las fichas también. ¡Es normal!

Al final, con «mapa» o con «brújula», uno propone y los personajes disponen. Es cuestión de práctica, el adelantarse a ellos y planificar mejor. Todo es evolucionar.

¿Y tú? ¿Conocías este método o algún otro similar? ¿Los has probado? ¿Te han servido? Cuéntamelo en los comentarios.

sábado, 5 de marzo de 2016

BINGALOTÁCORA: CampNaNoWriMo



¿QUÉ ES Y EN QUÉ CONSISTE?

Es un concurso, una competición, aunque no en el sentido que se le da habitualmente a los concursos literarios. Aquí nadie más que tú lee lo que escribes —a menos que quieras compartirlo por tu cuenta en tu blog, facebook...—. En el CampNaNoWriMo no hay jurado ni un único ganador. Es muy similar a una maratón, una carrera de fondo contra ti mismo, en la cual durante un mes —sí, todo un mes— deberás escribir una cantidad de palabras mínimas del borrador de una novela, un guion de cine o teatro, poemas, cuentos, ensayo... o cualquier otra forma de literatura.

«¡Pero eso es una locura! ¡Una novela en un mes!»

Sí, bueno, nadie dijo que para escribir no hubiese que estar un poquito loco... Y tampoco hace falta que se escriban cien páginas, o cincuenta, o treinta. En realidad, el propósito último de este tipo de eventos es promover el hábito de sentarse —o pararse, como dicen que hacía Hemingway— cada día y escribir, aunque sean dos líneas.

Sí, ya sé, pero seguidme la corriente por un momento. Dos líneas por día durante un mes, o sesenta líneas, unas tres páginas. El equivalente de un cuento o un relato, perfectamente. Eso que ya ganamos, por el solo escribir dos líneas cada día.

Pero si te pones cada día que puedes y escribes al máximo que te respondan el cerebro, las manos y la vida... es muy probable que acabes el mes con una primera versión de una novela —o gran parte de ella—. Y si te pasa como a mí, que se alargan los proyectos en el tiempo y una novela que en principio debía ocupar cien páginas se extiende hasta superar las trescientas —y más también—... ¡No pasa nada! Porque una vez creado el hábito de escribir a diario, después de que termine el evento, se sigue escribiendo.


¿QUIÉN PUEDE PARTICIPAR?

Cualquier persona mayor de trece años. De cualquier parte del mundo. Para los escritores más jóvenes —de trece a dieciocho años— existe el YWP o Programa para Jóvenes Escritores, una versión protegida y acorde a la edad de los participantes. De modo que la edad no es una excusa. Si tienes algo que contar, es el momento.


¿CÓMO SE HACE?

FORMATO:
Se puede escribir como más te guste. A mano, en taquigrafía, a máquina de escribir, en código morse, tecleando en el portátil, dictado de voz... Nadie va a estar pendiente de cómo lo hagas, ni de si estás cumpliendo tus mínimos diarios.

Recuerdo el NaNoWriMo de noviembre de 2013. Estuve todo el mes en Marruecos, trabajando a jornada intensiva, sin tiempo de escribir todo lo que tenía en la cabeza. Pues acabé dictando en el teléfono cada minuto que tenía libre. Con el contador que usan los tripulantes de cabina para contar el pasaje antes de cada vuelo, yo reproducía las grabaciones y contaba cuántas palabras llevaba para poder actualizar el número en mi perfil y así llevar al día la gráfica.

Y sí, podría haber puesto cualquier número aproximado, pero es parte del entusiasmo de los nanos, el querer ser lo más exactos posible, querer llevar las gráficas al día y comparar los avances con los compañeros.

¿CON PREPARACIÓN PREVIA O SALTO A CIEGAS?

Para esta pregunta no hay una respuesta correcta o única. Desde siempre, desde que el ser humano juntó una letra tras otra, palabra a palabra, hubo dos formas de encarar la creación de historias. Los escritores de brújula y los de mapa.

Escritores de brújula son los que suelen empezar a escribir con una idea general de lo que quieren hacer, de unos personajes, con más o menos detalles. Es probable, aunque no necesario, que sepan a dónde quieren llegar, qué final tendrá.

De esta forma escribí los pocos cuentos infantiles que tengo y mi primer novela —así me fue, que todavía está esperando a que la ponga en orden—. No es un mal sistema, y hay muchos escritores reconocidos que escriben así. Stephen King, sin ir más lejos. Y me parece perfecto. Es una manera de trabajar tan válida como cualquier otra.

Pero yo siempre fui analítica, de los que tenemos que pensar y darle vueltas mil veces a todo antes de decidir qué paso dar. Antes de irme de viaje —ya sea literal o figurativamente—, yo siempre necesito tener mis mapas, mis esquemas. Investigar lo que hay en esa ciudad, qué monumentos, qué museos, qué plazas y centros de interés para mí... Todo lo que pueda saber antes de ir, para poder disfrutar todo lo posible y sacarle el máximo rendimiento al tiempo de viaje.

Por supuesto que ese plan -es posible que- cambiará durante el trayecto. Quizá, cuando por fin llegues, descubras que ese súper-hiper-mega-divertido personaje no tiene nada que agregar, o que apenas un detalle que aparezca casi por casualidad... se convertirá en un hecho fundamental de la historia —como me pasó al escribir la segunda parte de Wonderwall y la aparición del vecino, un personaje salido de la nada, que no parecía importante en ese momento... pero se hizo su lugar hasta ser casi crucial en el desenlace de la historia.

Cualquiera de los dos métodos son válidos, depende de cada uno y lo que le funcione mejor. Lo que yo recomiendo es probar ambos, para ver cuál nos conviene más. Lo que sí es cierto es que para meterse en un proyecto como el CampNaNoWriMo, en el que es muy fácil querer mandar todo al cuerno —sí, es así para todos, no hay vergüenza en reconocerlo—, se tienen más posibilidades de llegar más o menos bien parados al final si se ha preparado.


¿QUÉ LO HACE TAN CARACTERÍSTICO?

Muchas cosas. Demasiadas para ponerlas en un artículo, y seguramente me deje las más obvias en el tintero. Pero bueno, ahí vamos:
  1. Es un evento mundial.
  2. Puede entrar, literalmente cualquiera, con cualquier nivel de experiencia.
  3. Hace social algo tan... solitario como es la escritura.
  4. Es fuente de conocimiento, tanto de temas relacionados con la escritura como de experiencias vitales —y va relacionado con el punto anterior.
  5. Su duración. Un mes, en toda la vida, no es una cantidad de tiempo tan grave para «perderla», si después de participar resulta que no es lo que te va mejor. Vale, sí, un mes es tiempo, pero... ¿Cuántas horas dejamos pasar, haciendo nada, en toda nuestra vida? En mi opinión, un mes no es nada, especialmente cuando se emplea haciendo algo que te gusta.
  6. Te da la oportunidad de hacerlo mal. Sí, en serio. Como nadie va a leerlo —a menos que así lo quieras, claro—, te quita mucha presión. No pasa nada si sale... regular, si no es perfecto. Es más, al querer hacerlo en un mes, es casi seguro que saldrá mal. Al menos, muchas partes. Es lo que toca. Tener algo, más o menos tosco, sobre lo que poder trabajar y pulir.
  7. Al terminar tienes el diploma que certifica tu logro. ¿Y a quién no le gusta un diploma precioso con su nombre? Además, claro, del orgullo que sientes por haber llegado hasta el final. ¡Habrás  creado algo! ¡De la nada, de tu imaginación, de tu alma! Es algo único, y muy valioso.
  8. Por último, pero no por eso menos importante... ¡ES COMPLETAMENTE GRATIS! Tienen una tienda de regalos y material de papelería y un sistema de donaciones para mantener la plataforma, el YWP, a todo el personal... Pero nadie te obliga a nada. Puedes participar diez años y aun así no poner un solo euro.


¿CUÁNDO ES?

¡Tenemos suerte! Durante el año hay tres eventos NaNoWriMo: Abril y Julio, los CampNaNoWriMo —con objetivo variable—; y en Noviembre, el NaNoWriMo clásico, es decir, con el objetivo de escribir 50.000 palabras en ese mes.


¿CÓMO PUEDE HACER SOCIAL ALGO INTROVERTIDO POR DEFINICIÓN?

El hecho de escribir la historia sigue siendo algo exclusivo entre el escritor y la «página» —sea física, virtual, de audio...—, pero te proporciona un punto de reunión virtual con otros millones de personas en la misma situación. Tanto los foros del sitio —en inglés—, como los foros específicos de cada país —en sus respectivos idiomas—, las «cabañas» durante el CampNaNoWriMo —salas de chat para un grupo de ocho a diez participantes que permanece activa durante todo el evento—, los grupos de facebook de cada país, los retos diarios vía twitter...

Todo eso hablando de comunicación con unos y ceros. Porque también hay parte física: Las quedadas por ciudad, los talleres literarios, las reuniones en centros culturales con charlas de autores de renombre...

Tanto en el espectro virtual como en el físico, te aporta la posibilidad de conocer a muchísima gente, de diferente educación, culturas, vivencias, experiencia editorial... Puedes conseguir información y expertos sobre casi cualquier tema que se te pueda ocurrir. Incluso hay una sección específica para preguntas, dudas y demás sobre lo que sea que necesites. Dejas tu pregunta —si es que nadie la hizo antes— y al poco tiempo tienes cientos de respuestas.

Hay mucho espíritu de colaboración y compartir ayudas, consejos, experiencias pasadas... La competencia es contra uno mismo, en grupo se colabora para lograr llegar todos a la meta. Y ese empuje, esos ánimos, muchas veces trascienden al evento, a la literatura, a lo que nos reunió en un primer momento. Yo misma soy un buen ejemplo de ello: Conocí a mis mejores amigas gracias a un NaNoMail —el correo interno para escribir a otros participantes de forma privada, fuera de los foros de discusión—, hace ya cuatro años y medio, cuando en medio del NaNoWriMo me escribió elogiando mi buen ritmo. Tan sencillo como eso, yo respondí y ellas a mí —porque acabamos en conversaciones a tres, junto con su hermana— hasta hoy. Nos reunimos cuando se puede, y cuando no, para eso tenemos Internet.


OK, ACABO DE DARLE UNA OJEADA, PERO... ¡ESTÁ TODO EN INGLÉS!

Eso puede ser un problema, en principio, pero no necesariamente. En los foros por región/país, en los grupos de facebook, las wiki... Hay muchas traducciones donde se explica todo, para que no tengas problema y puedas participar, tengas conocimientos de inglés o no —y aunque sepas inglés, a veces cuesta encontrar las cosas por la página al principio, así que pregunta sin miedo—. Además, siempre tendremos la opción de usar algún traductor para salir del paso.


SÍ, SÍ, TODO ESO ESTÁ MUY BIEN, PERO... ¿CÓMO HAGO PARA PARTICIPAR SI NO ESCRIBO EN INGLÉS?

¿Recuerdas que no hay jurado? Puedes escribir en el idioma que te sea más cómodo.

La mayoría de la gente escribe en su lengua materna. En el caso de la gente que vive en zonas geográficas bilingües —suizos, canadienses, gallegos, catalanes, vascos...— o que han estudiado un segundo idioma, pueden elegir con cuál participar.

En mi caso, usé la primer experiencia como práctica de catalán. Había llegado hacía un par de años a Barcelona y quería exprimir ese mes mejorando mi aprendizaje.

Las siguientes veces, escribí en castellano. Llegué a la conclusión de que una novela es un proyecto demasiado largo como para meterme en camisa de once varas con otros idiomas, pero no descarto escribir relatos y cuentos en inglés o francés —gracias trabajo por hacerme aprender a los porrazos— como práctica para seguir aprendiendo.


¡ESPERA! SI ES EN ABRIL... ¿POR QUÉ SOLTAR TODA ESTA PARRAFADA AHORA, QUE ACABAMOS DE EMPEZAR MARZO?

Principalmente, porque marzo, junio y octubre son los meses de NaNoPrep. Los meses de preparación —pensar la idea, hacer o no esquemas, investigar todo lo que puedas necesitar para documentar la historia... Preparar el material donde vayas a escribir, avisar a los cercanos de que vas a desaparecer por un tiempo en tu mundo —en mi caso, nada del otro jueves... Ja, ja. Ja—. Es el mes de calentar motores, de entrenar, escribir cada día un poco más que el anterior. Un mes en el que iré poniendo cada viernes recursos, estrategias, y demás cosas que a mí me fueron útiles para sobrevivir a cada evento... y que me hacen crecer como escritora.


UF... ¿VAS A ESTAR DOS MESES COMO LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ? EN PLAN «¿TIENE UNOS MINUTOS PARA HABLAR DE NUESTRO SEÑOR NANOWRIMO?»

No. Absolutamente no... Ok, no demasiado. Yo no estoy para convencer a nadie. Lo único que pretendo hacer es transmitir un conocimiento. La existencia de este tipo de evento. Yo escribía antes de conocer la iniciativa. Pero tras participar una vez, mejoré muchísimo. Después del NaNoWriMo, empecé a tomármelo más en serio, a investigar y aprender.

Una escritora a la cual encontré por la red buscando cualquier artículo que me pudiese ayudar a escribir mejor, fue quien me presentó este mundo de posibilidades. Pero, de hecho, hizo algo más que decirme «aquí está, esto tan maravilloso es para todos los que quieran». Como ya dije, yo le doy vueltas a todo. No soy impulsiva para nada. Así que te puedes imaginar la de idas y venidas mentales que le di al tema. Sobre todo, por pura inseguridad. Yo no era escritora, apenas era una afición para mí. Esas cosas eran para los realmente grandes, para los talentosos, para los que sabían... En medio de ese monólogo al estilo «ser o no ser», ella respondió a mi comentario en el blog, y me dio el empujón que me faltaba.

Años y años después, casi seis novelas más tarde, me sigo acordando de la importancia que tuvo ese artículo, ese comentario respondido. Para mí fue un antes y un después como escritora. ¿Hubiese seguido escribiendo, sin esas palabras de ánimo? Seguramente. Apoyo no me faltó nunca, gracias a mis tres locos incondicionales, pero... ¿Hubiera seguido avanzando con convencimiento, buscando la profesionalidad narrativa? ¿Me hubiese planteado la escritura como medio de subsistencia? No lo creo.


Por eso, si con alguno de estos escritos que vaya dejando por el blog consigo inspirar, hacer pasar un rato divertido, doy algún empujón o simplemente distraigo de la realidad por un rato... Habrá valido la pena.

viernes, 26 de febrero de 2016

BINGALOTÁCORA: ¿Cuándo se me ocurren las historias?

Una forma infalible de que se te ocurran ideas para escribir es estar encallado escribiendo otra cosa. No falla. En serio, ¡no os riáis!

Siempre que paso por una fase de bloqueo, o poca inspiración, mientras estoy trabajando en algún proyecto —y cuanto más largo sea, más probabilidades—... me saltan a la cabeza ideas, personajes, diálogos o incluso apenas un escenario y la insinuación de lo que ha pasado allí.

En esos casos, y porque sé lo insistente que pueden llegar a ser si se sienten ignoradas las musas, anoto todo lo que se me ocurra en ese momento en un cuaderno aparte. Trato de vaciar la cabeza de todas esas ideas, y dejarlas por escrito para cuando termine lo que estoy haciendo. Muchas veces, las distracciones siguen ahí, no digo que no, pero con la práctica —y bastante tozudez— se consigue terminar la novela de turno antes de centrarse en la nueva idea.

En ocasiones —y no pocas— pasa que la inspiración de aquel momento haya pasado y, cuando te pones a revisar los anotadores... La historia no te dice nada. ¡Que no panda el cúnico! Es un desaire ofendido, pero pasajero. Si la historia de verdad tiene que salir, saldrá. Hay que darle tiempo.

Y si no, bueno, no todas las ideas acaban desarrolladas —así como hay que tener claro que no todas las ideas que se nos ocurren son lo suficientemente buenas como para dedicarles todo ese tiempo y trabajo que demandan—. Si después de darle unas cuántas vueltas, buscándole ángulos y posibilidades, la cosa no parece funcionar... Probablemente lo mejor sea dejarla de lado, ya sea por un tiempo o definitivamente.

Otro momento que suelen elegir las musas para aparecer es cualquiera siempre y cuando no pueda tomar notas. Ya sea porque tenga las manos enjabonadas de lavar los platos, o no tenga papel para apuntar.

O con las manos en la masa, literalmente...
Photo credit: Kyle Strickland via Foter.com / CC BY-NC

O también, justo antes de dormir —o al despertar—, cuando sí tengo papel para tomar notas pero no tiempo. A veces, incluso, durmiendo. Los sueños son una fuente inagotable de ideas, siempre y cuando seamos capaces de filtrar las que valen de las que no. ¡Y podamos leerlo! Sí, sí, todo son risas hasta que te pasa. Una idea genial anotada a toda prisa por la noche... y que después a la mañana no tengas las pautas para descodificar esa maraña de garabatos sin sentido.

¡Y cómo podría olvidarme de la razón por la que empecé a escribir hace ya tantos años! El ahora llamado bloqueo lector. Puede pasar, después de leer muchas —muchísimas— novelas, que por un tiempo indeterminado seas incapaz de encontrar una lectura que te enganche. Falta de ganas, desinterés, empacho temático... Sea cual sea la razón del bloqueo, a veces puede ser fuente de inspiración.

En mi caso, me harté de leer miles de libros y no encontrar el que yo quería leer. Pero tampoco quería pasar más meses en sequía. Por eso, y como pasatiempo, me puse a escribir esa historia que yo querría leer. A día de hoy, ese proyecto sigue inacabado y abandonado, pero para mí significó abrir la caja de Pandora.


Relacionado con el disgusto por la lectura también están aquellos libros que ya sea por la trama floja, los personajes planos o incoherentes, un mal final, poco desarrollo... por el motivo que sea, acabé odiándolos. No siempre, pero algunas veces esa reacción, ese pensar yo lo hubiese hecho de esta otra manera, ¿pero cómo dejó pasar ese hilo narrativo, que daba para mucho más? o no, no fue eso lo que pasó... Me lleva al mismo punto que en el ejemplo anterior: Escribir, como ejercicio, la historia como me hubiese gustado a mí leerla. O bien, partir de una idea que no me haya gustado, y modificarla y desarrollarla hasta tener una historia completamente opuesta.

Como decía Marcos Mundstock —Les Luthiers— en la introducción de Las Majas del Bergantín:

«La zarzuela “Las Majas del Bergantín” narra la historia de los marinos de un navío de la corona española que transporta a un grupo de prisioneras para ser juzgadas en Cádiz, describe la relación de los marinos con las forajidas mientras el bergantín es asediado por el barco del pirata Raúl, a cuya banda pertenecen las prisioneras. Esta zarzuela está basada en la novela “Lejanías”, de Jorge Esteban Pérez Ríos, y la adaptación no fue fácil ya que la novela original trata de un leñador que vivía con su loro en los bosques de Bulgaria. No fue fácil. El único personaje que ha permanecido es el loro

Las ocurrencias de los más chicos, también, son fuente de inspiración. Tienen una forma muy particular de ver el mundo con esa lógica propia, a veces inalcanzable para el ojo adulto... Cuando no son más explícitos al demandar un cuento nuevo.

No, yo quiero el cuento del pulpo —porque le acaban de regalar uno de peluche, por ejemplo. Pues nada, a maquinar rápido una historia, y así es como salen algunos cuentos para conservar.

Mirar a nuestro alrededor, leer noticias, oír conversaciones en el tren... Todo vale. La inspiración está ahí, esperando a que la descubramos. Y si no hay manera, porque se acabaron las ideas anotadas en el libro de las ideas, las musas no cooperan, y ya no sabemos de dónde tirar inspiración... Siempre podemos recurrir a los generadores automáticos, como por ejemplo Future is Fiction o a los retos literarios de diferentes blogs, como por ejemplo Plot a Twist!, en el que estoy participando, o el reto 52 retos de escritura, del blog El Libro de Escritor. Una frase, una idea, que nos inspire para escribir.

Hay muchas formas de pescar ideas, casi tantas como autores. ¿Cuál es la que mejor funciona para vosotros? Comentad sin miedo, que no muerdo.

viernes, 19 de febrero de 2016

Book-Tag: Los siete enanos

Este es un book-tag, un juego donde hay que seleccionar una serie de libros en base a ciertas consignas, y explicar resumido el porqué de esa elección. En este caso, voy a responder al book-tag de los siete enanitos de Blancanieves.

1- GRUÑÓN (un libro que me enfadó):

EL PROCESO, de Kafka. Durante toda la novela estás empujándote para seguir leyendo y no revolear el libro, esperando que al final se entiendan muchas cosas —especialmente, por qué lo persiguen y juzgan—, pero... No, básicamente fue una completa pérdida de tiempo para mí. No se sabe nada en absoluto durante todo el libro, ni siquiera al final.

Está bien, es cierto que no es un libro editado en circunstancias normales, sino una obra inconclusa y publicada de manera póstuma. No puedo juzgar a Kafka por ello, sólo decir que la versión que leí me dejó una sensación de rabia inmensa por el tiempo que le había dedicado... para semejante decepción.

2- MUDITO (un libro que me dejó sin palabras):

YO ANTES DE TI, de Jojo Moyes. Me dejó sin palabras, y los que lo hayan leído sabrán por qué. Aunque trata un tema dramático, durante toda la novela se mantiene el tono sarcástico, a veces cínico, optimista... Es un canto a la vida que va desarrollando todo un abanico emocional, creciendo y diversificándose hasta llegar al final, donde toda esa carga emotiva se desborda. Después de terminar, me llevó un par de días superarlo.

3- TÍMIDO (un libro que me diera vergüenza leer, o que la gente supiera que estaba leyendo):

En esta pregunta, la mayoría de la gente que respondió el tag dijo CINCUENTA SOMBRAS DE GRAY, de L. J. Smith. Y podría ser, pero creo que yendo atrás en el tiempo, volviendo a la secundaria —momento máxime de la vergüenza de todo ser humano, podríamos decir—, hubo otro tipo de libros que preferí mantener «para mí».

Y no me refiero a otros que los libros infantiles. Sí, lo sé, ¿qué tan malo puede ser? Bueno, el caso es que todos, compañeros, profesores, directivos, tenían mi imagen de alumna modelo, lectora de clásicos de la literatura... No sé, en aquel momento parecía que si descubrían que paralelamente leía historias tan infantiles... Les daría a unos más motivos para hacerme la vida imposible, y decepcionaría a los otros. Una tontería, claro, pero que en aquel momento se sentía real.

4- SABIO (un libro con el que haya aprendido):

Esta pregunta es difícil. Creo que —a menos que el libro haya sido muuuuy malo, ya sea mal escrito o mal documentado— siempre se puede sacar algo de la lectura. Pero si tuviera que decir un libro, creo que elegiría NACIDA DE LA VERGÜENZA, de Nora Roberts. O todos los libros de Nora Roberts, en realidad.

Es una autora que se documenta tanto y lo incluye tan bien en la narración que no se hace notar. Aprendes todo lo que hay que saber sobre esculturas de vidrio en uno, sobre el adiestramiento de perros de rescate en otro, o sobre el trabajo a contrarreloj de los bomberos paracaidistas... Narra las cosas de forma que te creas que realmente no ha hecho otra cosa en su vida que aquello que te está describiendo.

5- ALEGRE (un libro divertido):

Ay... Esta pregunta también es difícil. Son tantos los libros que podría poner, que elegir solo uno es... Va, pongo el último que leí de ese tipo: EL CHICO DE LA VENTANA DEL BAÑO, de Lady Reynolds. Podéis leer la reseña que hice del libro en este enlace, así que no me extenderé más con él.

6- MOCOSO (un libro con el que haya llorado a mares):

MARTES CON MI VIEJO PROFESOR, de Mitch Albom. Es una historia para llorar, ya desde el principio se sabe. En ese sentido no hay lugar a engaños: por un lado, porque es una novela biográfica —cero adornos multicolor y milagros de última hora para salvar al protagonista— y por otro, porque la historia empieza al saber el profesor que está enfermo de ELA.

Aunque al principio podría parecer un dramón lacrimógeno de principio a fin, de esos que te dejan hecho polvo y con tendencias depresivas, lo cierto es que es una novela maravillosa. Muy fuerte emocionalmente, sí, pero el profesor va aceptando cada nueva pérdida, cada nueva limitación, con tanta dignidad y entereza... No es en absoluto lo que alguien espera encontrar después de saber cuál es el tema de la novela. Recomendado con máxima puntuación.

7- DORMILÓN (un libro soporífero):

Uf... Para este apartado tengo un trío de autores que soy incapaz de leer sin bostezar: Marco Polo, Benito Pérez Galdós y J. R. R. Tolkien.

EL LIBRO DE LAS MARAVILLAS, sobre los viajes de Marco Polo, empecé a leerlo a los quince años y nunca pude terminarlo. Quizá lo intenté demasiado joven, siendo una narración antigua... No creí que fuera a tener problemas, habiendo leído LA ILÍADA y LA ODISEA de Homero ese mismo año. No sé, quizá debería darle una nueva oportunidad ahora que ha pasado tanto tiempo.

A Benito Pérez Galdós lo leí en el secundario, por obligación. Se notaba demasiado que había intentado estirar al máximo posible la narración para que la novela por entregas le diera más beneficio. Además de parecerme horrible el final de MARIANELA, me resultó in-fu-ma-ble.

Y quizá el más polémico de los tres, J. R. R. Tolkien. No puedo soportar que sea taaaaaan imposiblemente descriptivo y la historia no avance ni retroceda. ¿Qué necesidad hay de que me describas cada brizna de hierba, cada tonalidad del verde musgo que cubre las piedras que se encuentran en el camino? Aunque él quizá sea el único que escribió las historias con esa intencionalidad, precisamente: Dormir al auditorio. Dicen —llega un momento en que no se puede saber a ciencia cierta qué es realidad y qué leyenda urbana— que Tolkien escribió la saga de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS como historias para contarle a sus hijos a la hora de dormir. Visto desde ese enfoque, debo darle un 100/100 porque a mí me dejó fuera de combate cada vez que hice el esfuerzo por darle otra oportunidad.



Bueno, esos son mis siete libros y autores. ¿Y vosotros? ¿Qué libros o autores pondríais?

viernes, 12 de febrero de 2016

El material más raro que usé para escribir

Pareciera que para poder escribir la novela perfecta hiciese falta tener el material perfecto, en el espacio perfecto y con el tiempo perfecto. Y no digo que no sea lo máximo poder escribir con una pluma carísima, en un escritorio de madera antiguo, sin las interrupciones de familiares, niños pequeños demandantes de atención, trabajos paralelos por ese detalle de tener que pagar las facturas cuando eres un escritor que con lo que ganas no tienes ni para un café— y todo el tiempo del mundo para dedicarnos a nuestros retoños literarios.

Sí, eso es lo idílico, pero hay un problema:

NO ES REAL

Por eso, para tratar de mantener nuestras aspiraciones de subsistir en el mundo literario, debemos bajar nuestras exigencias y dejar de escudarnos en las excusas de siempre —no tengo tiempo, no tengo dónde, no tengo con qué.

Se escribe donde se puede, como se puede y cuando se puede. Y no hay más. La escritura es un arte, una pasión... sí. Pero también es un trabajo, y hay que tomárselo como tal, con seriedad y siendo responsables. Eso lo tuve que aprender por la fuerza después de pasar por un parón de escritura de medio año —coincidiendo con los primeros seis meses de trabajo rebotando por el mundo, viajando de un país a otro cada dos o tres días—. No pasaba por mi casa en al menos un mes, a veces dos. Nunca encontraba el momento perfecto para sentarme y escribir en mi tablet, básicamente porque estaba demasiado cansada física y mentalmente cuando por fin podía sentarme sola, con una taza de té bien caliente, un cojín y una manta suave.

Así como había tenido que adaptarme cambiando mi modo de vida sedentario por uno nómada —cambiando de uso horario cada dos días se agiliza el proceso de adaptación— debía bajar mis expectativas en cuanto a las condiciones para escribir. Tomaría notas en cualquier situación y, por ende, en el material que me quedase a mano en ese momento.

Mis «ideales» de escribir con plumas de lujo en cuadernos de cuero con papel de súper-híper-mega-calidad... chocaron contra la realidad del escritor pobretón y, además, trotamundos. Al hecho de no tener tiempo por estar siempre trabajando y sin los fondos para costear mis caprichos de papelería se sumó la tercera piedra en el camino: Las ideas llegan casi siempre en el peor momento.

Una vez asumido eso, solo quedaba analizar qué posibilidades había en cada situación, para no morir en el intento.

Por falta de espacio y exceso de peso, el portátil de mis tiempos universitarios se quedaría esperando en casa para las pocas ocasiones en que pudiese escribir cómoda en el escritorio —o la cama, que en invierno invita más.

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Durante los viajes, en el avión, en las habitaciones de hotel o donde fuese, me llevaría la tablet —o en su defecto, el móvil—. Un poco raro al principio, acostumbrada como estaba yo a los teclados físicos y tirando a duros, pero una vez cruzada la frontera mental... Tampoco están tan mal.

Y si además le sumamos un teclado bluetooth... Perfecto.

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Aunque si bien los formatos digitales están muy bien y son muy prácticos, no siempre podemos depender de los electrónicos. Desde quedarse sin batería o los posibles fallos del sistema hasta motivos que tienen poco o nada que ver con los propios aparatos —y mucho con lo imposible de prever de vida. Para esas ocasiones, qué mejor que libretas económicas pero bonitas.


En ésta tengo la planificación del blog. Cada entrada, un pequeño
esquema de lo que trataré en cada post, las notas para las reseñas...

O también, por qué no, cuadernos incluso más baratos —y más feos, sí—. Con un poco de inventiva para la decoración... Ya, perfectos para escribir en cualquier parte.


¿Y por qué no reciclar viejos impresos y fotocopias que ya están para tirar? La memoria de prácticas finales de carrera —un ladrillo de quinientas hojas a una cara— que, una vez terminada la universidad, no me servía para nada más... me sirvió para escribir aproximadamente un tercio de la novela Ma'kh.


Siguiendo con los reciclados... Los puñados de hojas que sobran cada año de los cuadernos —propios o de los hijos, depende del momento de cada uno—. En mi casa no se tira casi nada, todo se transforma, y los cuadernos no iban a ser menos. Cortar, doblar, coser y encolar... Et voilà, cuadernos que entran en cualquier bolsillo e ideales para tener en la mesita de noche, para esas ideas de madrugada.


Ah... Sí... Muchas veces te agarran las musas sin papel ni el móvil a mano. De verdad, parece que estén esperando a que no puedas tomar notas para susurrarte al oído las mejores ideas. Es por eso que no me molesta meter las manos en los bolsillos y encontrar los recibos del supermercado estratégicamente olvidados.


En mis inicios narrativos, allá por el 2007, aburrida con las soporíferas clases de algunos de mis profesores de universidad —muchos se limitaban a proyectar el documento de word y leerlo, len-to y mo-nó-to-no— la única manera de no dormirme era escribir en los márgenes de las hojas, mientras esperaba a que terminase de leer y cambiase de página para poder seguir resumiendo.


Y... el que sin duda es el más raro de los raros: Una bolsa para mareos del avión. Sí, como lo lees. Abiertas, tienen el tamaño más o menos de una hoja A4, y durante un vuelo BCN-GVE me sacaron de un bloqueo bastante largo. ¿Qué os decía? Las musas esperan a que estés atado al asiento por turbulencias y no tengas más medios que unas pocas bolsas de papel plastificado.



En conclusión, no hay más impedimentos que los que nos auto-imponemos nosotros mismos. Cualquier material es útil, solo hay que saber descubrir su potencial. ¿Y vosotros? ¿Qué materiales usáis?